Carta a un
amigo
Hoy he
recordado cuando llegué a casa la primera vez. Lo contentos que estabais todos
conmigo. Qué hermoso fue para mí ver la carita de felicidad de tu hijo cuando
me sacaste de la caja con mi collar rojo recién estrenado. Enseguida nos hicimos
amigos y hemos compartido muchas vivencias risas y llantos, momentos de juegos
y alegrías.
Quería contarte cómo,desde hace
unos días, he andado vagabundeando por las calles, dando vueltas y más vueltas
sin saber dónde esconderme. Me he salvado por casualidad de ser atropellado y
casi me agarran los laceros con su cuerda. Estoy muy triste,pero no te reprocho
nada. En realidad estabas en tu derecho de abandonarme, tú eres el hombre
civilizado y yo un pobre perro irracional, así que me arrojaste de casa y no
hay más que hablar.¡ Pero qué modo tan cobarde elegiste!
¿Como se
te ocurrió eso de tirarme un palito desde el coche para que lo recogiese? Bien
sabias cómo me gusta jugar. Cuando salté para cogerlo y devolvértelo aceleraste
hasta perderte en la lejanía. No sabes cuanto corrí tras de ti… pero no pude
alcanzarte. ¡ Y yo que creía que me habías sacado de paseo!.
Quiero
contarte cómo me siento cuando veo un coche parecido al nuestro. Me imagino que
te has arrepentido y vuelves a buscarme. Si así lo haces te pido por favor que
estés atento, pues he cambiado mucho en estos días. ¿Sabes? cuando nos
abandonan, los perros tomamos un aspecto triste. Andamos como sin color y con
olor a miseria. Además ,me dieron una pedrada y cojeo de una patita. Me da
mucho miedo que no me sepas reconocer.
Yo sigo
vagando por la ciudad, buscándote, buscando a ese amigo que me perdió en un
recodo del cariño. Bueno, te dejo, que vienen a echarme de estos cubos de
basura donde trato de calmar el hambre. Solo un último ruego, por favor, no le
digas a tu hijo que me abandonaste cobardemente. El me quería de verdad y no
podrá perdonártelo miéntele como me mentiste a mi.
Valor
La semilla no puede saber lo que va a pasar: nunca ha conocido a la flor y ni siquiera puede creer que contiene el potencial de transformarse en algo semejante, en una hermosa flor. El viaje es largo, y siempre resulta más seguro no emprenderlo porque el camino es desconocido, nada está garantizado. Mil y uno son los riesgos del trayecto, muchas son las trampas; y la semilla está segura, escondida dentro de su dura coraza.
Pero la semilla lo intenta, hace un esfuerzo se deshace de la protectora cáscara, que es su seguridad, y empieza a moverse. Inmediatamente comienza la batalla: la lucha contra el suelo, las piedras, las rocas. La semilla era muy dura pero el brote será muy, muy blando, y los peligros serán muchos. No había peligro para la semilla; hubiera podido sobrevivir durante milenios. Sin embargo, para el brote existen innumerables peligros: brota hacia lo desconocido, hacia el sol, hacia la fuente de luz, sin saber dónde, sin saber por qué.
La cruz que ha de ser transportada es grande, pero la semilla está dominada por un sueño y, entonces, se mueve. Lo mismo es el camino para el hombre. Es arduo y requerirá mucho valor.
Franastur 28-11-09